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Los médicos sufren cada vez más estrés y enfermedades.
Problemas cardíacos, hipertensión, úlceras son algunos de los trastornos más frecuentes.

  Trabajan más precariamente. Están expuestos a situaciones de violencia. Las presiones pueden llevarlos al agotamiento y la drogadependencia.

  Los médicos argentinos, como sus colegas en el resto del mundo, conocen a fondo las ventajas de una vida saludable, pero muchos hacen todo lo contrario. Suelen contagiarse de sus pacientes. Están expuestos a numerosos y graves accidentes de trabajo. Son propensos a las adicciones. Cuando les toca a ellos se automedican y resultan ser malos pacientes. Y cada vez más sufren de estrés, debido a las malas condiciones laborales y a la situación socioeconómica que afecta a la mayoría de los enfermos que atienden.

  “El médico empieza a cuidar más su dieta, porque la población en general habla más del tema”, señala el presidente de la Asociación de Médicos Municipales, Jorge Gilardi. Admite sin embargo que entre sus colegas abundan los casos de sobrepeso y que no prestan suficiente atención a los riesgos del colesterol.

  El titular de la Fundación Cardiológica Argentina, José Martínez Martínez, recuerda la encuesta realizada en 2000 durante el congreso de la Sociedad Argentina de Cardiología: tres de cada diez especialistas fuman, mientras que en los Estados Unidos lo hace apenas el 4 por ciento.

  “Se calcula que la proyección de vida de un médico es entre el 5 y el 8 por ciento inferior a la de quienes se dedican a ocupaciones menos estresantes”, señala Gilardi. Si bien no se dispone de estadísticas, afirma que existe un índice importante de patologías cardiovasculares. “Pero en nuestra profesión no hay conciencia de estas patologías”, observa.

  El doctor Héctor Nieto, titular del postgrado en medicina del trabajo de la UBA, apunta que lo mismo ocurre respecto del riesgo de accidentes y de las enfermedades contempladas en la ley 24.557. “Somos vulnerables a cuanta infección ande dando vueltas por ahí: tuberculosis, hepatitis, VIH/sida, citomegalovirus”, enumera. A ellas se suma una larga lista de patologías causadas por radiaciones, gases anestésicos y agentes esterilizantes.

  En el hospital Piñero funciona el único grupo en un hospital público que estudia la salud de los trabajadores, sobre todo la de los del área salud. Sus estadísticas muestran una amplia gama de accidentes, desde pinchazos y cortes con riesgo de contaminación, hasta caídas de tubos de oxígeno. Sin embargo, los empleados del Gobierno de la Ciudad no cuentan con una ART (Aseguradora de Riesgos de Trabajo), como lo exige la ley.

  Pero es el estrés, recalcan todos los médicos consultados, lo que más los afecta, y cada vez en mayor medida. Un proceso con alteraciones físicas, psicológicas y de conducta que puede desencadenar en hipertensión, problemas cardíacos, úlcera, angustia, agotamiento, drogadependencia, y adicción al cigarrillo o al alcohol, entre muchas otras manifestaciones. Cuando se hace crónico, puede derivar en el síndrome de burnout, una enfermedad específica de los médicos y de otras pocas profesiones.

  Por la índole de su tarea, los más susceptibles al estrés siempre fueron los que trabajan en guardia, terapia intensiva, unidad coronaria, cirugía, neonatología, cardiología y pediatría. Además, la mayoría de los médicos padece las consecuencias de los horarios irregulares y de las guardias extenuantes y sin fundamento científico, de 24 hasta 36 horas seguidas.

  “Hace 25 años, cuando el estrés no se medía y siendo residentes hacíamos las historias clínicas, poníamos que el paciente tenía estrés si estaba más nervioso que nosotros - recuerda el presidente de la Sociedad Argentina de Medicina del Estrés, Daniel López Rosetti. Desde entonces y sobre todo en los últimos años, el país se ha complicado enormemente. Se acabó la época de ‘mi hijo el doctor’”.

  Hay unanimidad en las causas por las cuales el estrés los roza a todos. Los bajos salarios, que los obligan a tomar varios empleos, con horarios agotadores. La precariedad laboral en el sector privado, que ha convertido a muchos en prestadores, que recién cobran a los 60 o 90 días. Las demandas de sus patrones. Los temores a ser víctimas de la “industria del juicio” y ser acusados por mala praxis. Y esto alcanza a la mayoría de los 10.000 médicos de hospitales de la Capital, pero se hace aún más crítico en el interior del país.

  Además, los médicos ya no son inmunes a lo que les pasa a sus pacientes. “Hubo un gran aumento de población vulnerable - la de menores ingresos salariales y menor escolaridad-, que se enferma antes, se enferma más, se atiende menos y se muere más”, sintetiza el presidente de la Fundación Cardiológica.

  “En la actual crisis sanitaria, la peor de la Argentina, atendemos a pacientes cada vez más exigentes, para devolverlos al mismo contexto que los enfermó”, interpreta el sanitarista y sociólogo José Carlos Escudero, profesor en la UBA y en otras universidades.

  El cirujano Marcelo Muro agrega otro motivo de angustia: “la frustración que produce recetar un remedio y saber que el paciente no lo va a comprar”. Muro, quien fue durante varios años director del SAME, suma otro factor de incertidumbre, sobre todo en guardias y auxilios: la violencia.

  El deterioro del hospital público, mayor en las provincias que en la Capital, también pone tensos a los médicos. “¿Cómo esperar buenas prestaciones, si los que las dan no están en buenas condiciones? - objeta Nieto. Esto significa un peligro para la población”.

  Pero el doctor Mario Rípoli, docente de pediatría en la UBA y a cargo de un centro de salud en una villa porteña, si bien admite “la proletarización de los médicos”, la ubica en un contexto más amplio. “¿Qué es más estresante: un médico que hace tres guardias semanales, o un hombre que perdió su trabajo y no puede dar de comer a sus hijos? El médico sufre por los mismos condicionantes que los demás. Pero - advierte Rípoli-, responsabilizarlo por los niveles de salud es tan dañino como erróneo. La prevención primaria, por ejemplo, implica nutrición, vivienda, educación, recreación, y eso escapa al campo específico de la salud”. En cierto modo, el doctor Gilardi coincide con él: “El otro día, una médica me decía: ‘Muchas veces atiendo a la gente de lo mismo que me pasa a mí’”.

  Los médicos reconocen ser malos pacientes. El doctor Jorge Gilardi, presidente de la Asociación de Médicos Municipales de la Capital, resume las causas de esta manera: “Nosotros solemos saltearnos la primera etapa por la cual se consulta al médico; y por exceso de confianza, por falta de tiempo, por pensar que podemos manejar solos el problema, a veces llegamos tarde al diagnóstico. Además, todos, sin excepción, empiezan automedicándose, lo que puede enmascarar o demorar el diagnóstico correcto”. “Por estar más cerca de la vida y de la muerte, el médico se cree superior - señala el presidente de la Sociedad Argentina de Medicina del Estrés, Daniel López Rosetti. Quizá peca de soberbio, y eso le hace difícil la consulta”.

  “Consultamos con colegas amigos o conocidos, lo que no siempre es bueno: terminamos charlando de cualquier otra cosa, y no de nuestra salud - agrega Gilardi.

  Inconscientemente llegamos a guardar o a disfrazar síntomas, porque sabemos que pueden significar algo malo. Y a veces, ni el mejor médico ni el más amigo es el mejor para ese paciente. Es necesario reflotarla relación médico-paciente”.

  “El médico como paciente tiene un factor de riesgo mucho mayor que alguien que no es médico: no es raro que un diagnóstico, un tratamiento o una operación se compliquen porque no cumplió todos los pasos, desde las horas de ayuno para la extracción de sangre, hasta la asepsia correspondiente”, agrega López Rosetti.

El “burnout”: un enemigo invisible.
  En las profesiones asistenciales, cuando el estrés se vuelve crónico, puede derivar en el síndrome de burnout. Lo sufren pilotos de aviación, controladores de vuelo, docentes y médicos, en especial los que trabajan con pacientes en riesgo de muerte. Significa “estar quemado por dentro”. “Fundidos”, tituló la revista El Médico del Conurbano, que le dedicó una nota de tapa.

  “Comienza con un agotamiento emocional, como una desensibilización y disociación - describe el presidente de la Sociedad Argentina de Medicina del Estrés, Daniel López Rosetti. Ese agotamiento implica la incapacidad de reaccionar emotivamente ante una situación; siendo alguien que atiende a personas dolientes, no le llega el dolor y no le dan ganas de ayudar. Además disminuye la iniciativa y la toma de decisión, por lo que se convierte en alguien casi peligroso”.

  En setiembre de 2002, la diputada Silvina Leonelli (UCR Córdoba) presentó un proyecto para que el síndrome se incluya en el listado de enfermedades profesionales, ya que el aumento de casos –sostiene - está vinculado “con las nuevas condiciones laborales”. “La Dirección de Salud Mental organizó una serie de talleres sobre este síndrome, para que los trabajadores de la salud identifiquen los síntomas y puedan encontrar formas para manejarlos”, informó el subsecretario de Servicios de Salud del Gobierno de la Ciudad, Gabriel Muntaabski. Sin embargo, según el doctor Héctor Nieto, director del postgrado en medicina laboral de la UBA, con esto no alcanza, ya que “no se trata de un programa sistemático”.

Asaltos, golpes, robos, amenazas.
  Como especialista en seguridad e higiene del trabajo, el doctor Héctor Nieto lleva el registro de las manifestaciones de violencia que sufren los médicos del sector público. “Asaltos en ambulancias, centros de salud, guardias, yendo de noche por los pasillos de los hospitales. Golpes de pacientes. Amenazas de familiares”, detalla.

  “Todo eso ha empeorado desde el año pasado - señala Marcelo Muro, ex director del SAME. Muchos jóvenes llegan a las guardias alcoholizados o drogados, lo que implica una mayor exigencia para los que deben atenderlos”. Muro, quien es coordinador en Vittal, cuenta que en lo que va del año, ya fueron robadas cuatro ambulancias de esa empresa de emergencias.
Un buen ejemplo es lo que le sucedió hace pocos días en el hospital porteño donde trabaja como cirujano. La Policía trajo a un chico de 19 años, herido de bala en una pierna. Antes de operarlo le dijo: ‘’Mirá, tordo, que tengo que salir bien, porque aquí yo estoy solo, pero los otros siete están afuera’’.



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